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julio 21, 2026Arquitecta de profesión, Vania Ruiz descubrió la resina casi por casualidad, y terminó construyendo una de las propuestas más reconocibles de la joyería contemporánea chilena. Entre mariposas, paisajes y criaturas textiles, su trabajo nace de una conversación abierta con el material, donde el resultado nunca está completamente definido.
Al fundar Casa Kiro en Viña del Mar, en 2010, Vania Ruiz no buscaba replicar la joyería tradicional. Hoy sus piezas —hechas de resina, color y elementos que otros descartan— forman parte de colecciones dentro y fuera de Chile. En 2019 fue invitada a participar en la muestra MAD About Jewelry, del Museo de Artes y Diseño (MAD) de Nueva York, y obtuvo el primer lugar en la Tercera Bienal Latinoamericana de Joyería Contemporánea en 2021. Pero todo empezó de una manera mucho más simple: un curso después del trabajo, un kilo de resina comprado por curiosidad y el comedor de un departamento convertido en taller.
De la arquitectura a la resina
Vania siempre hizo cosas con las manos. Antes de las joyas hubo lámparas, estructuras de madera, accesorios y todo tipo de experimentos que cabían en un departamento... y en la paciencia de su mamá.
La joyería apareció casi por accidente. Una colega llegó un día con un collar hecho por ella misma y le contó que estaba tomando clases en un taller de Viña del Mar, donde Vania se sumó junto a un grupo de arquitectas amigas.
"Mi profesora recién estaba aprendiendo a trabajar con resina. A mí me fascinó al tiro porque era un material que podía tener color, volumen, transparencia; podía meter cosas adentro. Sentía que podía hacer muchas cosas con eso”.
Compró un kilo de resina y empezó a experimentar en la casa. El comedor desapareció para transformarse en su taller. El primer anillo que hizo fue para su mamá, una amante de las joyas para quien, desde niña, siempre buscaba regalos distintos.
En 2009, la crisis económica cerró la oficina de arquitectura donde trabajaba. Al mismo tiempo, una periodista que había conocido en una feria difundió fotografías de sus primeras piezas. Días después apareció en Las Últimas Noticias.
"Al otro día iba caminando por los kioscos y me veía ahí", recuerda entre risas. "Después empezaron a llamarme de la televisión, iban a grabar al departamento, yo hacía demostraciones con el soplete en la mesa del comedor. Fue todo muy inesperado”.
Ahí tomó una decisión que, hasta entonces, parecía impensada.
"Dije: Le voy a dar una oportunidad a esto".
Crear sin saber
Si hay un momento del proceso que entusiasma a Vania, es el principio. El instante en que una pieza todavía no existe y cualquier cosa puede pasar.
"Me gusta crear sin saber cómo va a terminar. Es como una conversación con lo que estoy haciendo”.
Las flores de tela, los pétalos encapsulados en resina y las pequeñas criaturas escultóricas que aparecen mientras trabaja representan mejor que ninguna otra colección esa manera de crear. "Tienen color, asimetrías, cosas inesperadas. Pero en ese descontrol está todo”.
El precio y el valor
Hay un tema presente en casi todas las conversaciones con joyeros: cuánto vale realmente una pieza y cómo ponerle precio sin traicionar el trabajo que hay detrás.
A Vania ese ejercicio nunca le ha gustado. "Me cuesta poner precios. Tiendo a tirarme para abajo, no para arriba”.
Para no depender de esa inseguridad, creó una planilla donde incorpora todos los costos —materiales, horas de trabajo, producción— y se obliga a respetar un margen mínimo. Es la forma que encontró de separar la emoción de los números.
La mejor muestra de ese dilema lo vemos con las mariposas, la colección que terminó convirtiéndose en el sello de Casa Kiro. La resina no es un material particularmente caro, pero cada pieza exige tantas horas de trabajo manual que, para ella, siguen estando subvaloradas.
"No me atrevo a pegarles la subida de precio que merecen, porque son lo que más vendo y lo que más me define”.
Construir valor, sin embargo, va mucho más allá del precio.
"Las redes sociales son un aliado, pero también son la esclavitud", dice entre risas. "Me permiten mostrar el proceso y contar las historias detrás de las piezas. Pero también son otro trabajo. Cuando estoy creando, no estoy vendiendo, y cuando estoy vendiendo, no estoy creando. Nunca logro que todo pase al mismo tiempo”.
Lo que una joya puede provocar
Cuando le pregunto qué espera que ocurra cuando alguien usa una de sus piezas, Vania no habla de diseño ni de tendencias.
"Lo que más me repiten es que se sienten empoderadas”.
No fue una intención consciente. De hecho, dice que esa lectura la hizo después, escuchando a quienes usan sus joyas.
"Llaman la atención. La gente las mira, las comenta. Hay personas a las que eso las incomoda, pero a otras les da una sensación de presencia, de seguridad”.
"Quiero que provoquen una emoción positiva. Creo que en mi trabajo hay una cierta manera de crear belleza, con una ternura también”.
No habla de piezas espectaculares ni de grandes gestos. Prefiere los objetos que revelan sus detalles de a poco.
"Lo que yo termino haciendo tiene algo de miniatura, algo íntimo. No es el gesto grande y fuerte. Es otra cosa. Mientras más te acercas, más cosas empiezas a descubrir”.
Hace poco, para el 17° aniversario de Casa Kiro, organizó un concurso con premios entre sus clientas, llamado “Muéstrame tu colección”. Cerca de 60 personas subieron fotos de las piezas que habían ido comprando con los años, y se armó una conversación que la sorprendió.
“Nos dimos cuenta de lo fuerte que es nuestra comunidad y del cariño que tienen por la marca”.
Hay clientas que llevan a Casa Kiro acompañándolas en distintas etapas de sus vidas. Las joyas marcan y celebran cada cambio y reflejan su camino.
No solo las hacen sentir poderosas: también anclan recuerdos, hablan del pasado y de quién quieren ser en el futuro.
Un lugar para crear
Vania nunca tuvo una formación tradicional en joyería. Aprendió tomando cursos, probando materiales y buscando espacios donde pudiera ampliar su manera de crear.
Entre las personas que más marcaron ese camino está el joyero y artista visual mexicano Jorge Manilla, radicado en Bélgica y profesor de la Real Academia de Bellas Artes de Amberes.
"Las tutorías con Jorge fueron súper importantes para el desarrollo de mi trabajo”.
Un curso que tomó marcó su camino: La Penland School of Craft, en Carolina del Norte. Esta escuela estadounidense reúne durante semanas a artistas y artesanos de distintas disciplinas para trabajar, experimentar y compartir procesos. Ahí conoció al artista Attai Chen y participó en una residencia que todavía recuerda con emoción.
"Fue como un paraíso de la creación. Creo que fueron las dos semanas más felices de mi vida creativa. Tenía una sensación de felicidad todo el día”.
De esa experiencia nació la colección de flores de tela, la serie que, hasta hoy, siente que es la que más la representa.
— Hace poco te despediste de JoyaBrava, después de tantos años. ¿Qué significó ser parte de esa comunidad?
—Fue un motor y un soporte para desarrollar mi trabajo de joyería de arte. Gracias a Joya Brava no solo creamos una comunidad, sino que crecimos y maduramos como creadoras dentro de ella, tanto por las tutorías que gestionamos como por los espacios de exposición en que participamos. Aprendí mucho de cosas tan diversas como creación, gestión, montaje, entre otras. Y además de aprender lo pasamos increíble y tengo grandes recuerdos de nuestras aventuras por el mundo. Yo creo que mis logros los debo en gran parte a JoyaBrava.
Un taller propio
Desde que se formó, Casa Kiro funcionó dentro de su departamento, lugar que funcionó como vivienda, taller y espacio de creación. Hasta que, hace poco más de un año, decidió arrendar una oficina.
"Salir de la casa ha sido muy bueno", dice. "Siento que el proyecto creció”.
El cambio también vino con nuevas responsabilidades. Hoy comparte el trabajo diario con Angélica Cruz, su colaboradora desde hace más de una década, mientras otras personas se integran según las necesidades del taller.
Aunque buena parte de sus días transcurre entre planillas, producción y administración, sigue reservando un espacio para la joyería de arte. Es ahí donde experimenta, prueba y se permite fracasar.
"En la joyería de arte me doy el permiso de hacer objetos que quizás nunca se vendan. Ahí está el relato más potente y me enorgullece”.













3 Comments
Ella es muy carismática. Creativa desbordante. Diseñadora de una joya diferente y potencialmente encantadora.
Muchas gracias por la invitación Paulina , y por la entrevista de Paola.
Gracias a ti por la sincera conversación.