
Lo que brilla no siempre es plata
agosto 24, 2026Para no olvidar
agosto 24, 2026Orfebre, investigadora y protagonista de buena parte de la historia de la artesanía chilena, Alicia Cáceres ha visto nacer escuelas, ferias, organizaciones y, finalmente, una ley para el sector. A sus 96 años continúa trabajando en su taller y escribiendo para que esa memoria no se pierda.
Alicia Cáceres conserva una memoria minuciosa y privilegiada, de casi todo lo que ha vivido: nombres, fechas, anécdotas que reconstruyen buena parte de la historia de la artesanía chilena. Para ella, la historia de la artesanía siempre ha sido colectiva. En nuestra conversación aparecen una y otra vez los nombres de Lorenzo Berg, Germán Gassmann, Patricio Cerda, entre otros.
Sin embargo, hay un nombre que se repite más que cualquier otro: Juan Reyes, su marido.
"Hicimos", "aprendimos", "nos tocó", "fuimos".
El plural sigue siendo la forma en que recuerda su vida y trabajo compartidos.
Su propia historia comenzó en 1951, cuando ingresó a la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, buscando una formación artística.
"Aprendíamos dibujo natural, dibujo técnico, composición... era una formación artística muy completa", cuenta.
La Escuela de Artes Aplicadas reunía a estudiantes de escultura, cerámica, grabado, diseño y orfebrería. El oficio se enseñaba con rigurosidad, pero también dejando espacio para experimentar y resolver problemas en el propio taller.
Fue allí donde conoció a Juan Reyes.
Con el tiempo formarían una de las parejas más reconocidas de la orfebrería chilena. Durante décadas compartieron también el taller instalado en su propia casa, donde criaron a su familia, desarrollaron su obra y formaron a ayudantes y aprendices que, con el tiempo, continuaron desarrollando el oficio.
Su trabajo se distinguió por una propuesta profundamente escultórica: grandes cruces, máscaras y aves —gallos y gallinas, entre otras figuras— realizadas principalmente en cobre, bronce y piedra, piezas que privilegiaban el volumen y el trabajo manual por sobre la joyería convencional.
"Nosotros hacíamos piezas grandes ", recuerda entre risas.
Gran parte del aprendizaje ocurría trabajando y, desde muy temprano Alicia optó por el repujado y el cincelado, técnicas que en esos años eran desarrolladas casi exclusivamente por hombres.
Con humor comenta que "hubo un artesano que vino a la casa solamente para comprobar si era verdad que yo hacía ese trabajo”.
También nos cuenta sobre el permanente apoyo de Juan.
"Él siempre trataba de destacar mi trabajo".
Esa forma de entender el oficio —como un trabajo compartido y generoso— marcaría toda su trayectoria.
Cuando los artesanos se encontraron
Durante las décadas de 1950 y 1960 los artesanos trabajaban, en gran medida, aislados.
Existían grandes maestros a lo largo del país, pero eran escasas las oportunidades para exhibir sus obras, conocerse o intercambiar experiencias.
"Chile miraba mucho hacia Europa", resume Alicia.
Ese escenario comenzó a cambiar gracias al impulso de personas como el abogado Germán Gassmann y al penquista Lorenzo Berg.
"Lorenzo no dejó artesano por visitar”.
Convencido de que la artesanía chilena merecía un espacio propio, Berg recorrió el país invitando a artesanos de distintos oficios a participar en las primeras Ferias de Artesanía del Parque Forestal.
Alicia y Juan estuvieron allí y lo vivieron en primera persona.
Más que una feria, aquel encuentro marcó el nacimiento de una comunidad.
Por primera vez, artesanos provenientes de distintas regiones pudieron conocerse, compartir técnicas, intercambiar materiales y descubrir que enfrentaban problemas similares.
"Ahí empezamos a conocernos".
Un oficio que encuentra su lugar
Las primeras ferias demostraron que la artesanía chilena tenía un público y que los artesanos necesitaban espacios permanentes para exhibir su trabajo.
En 1967 se inauguró la primera Galería de Artesanía, impulsada por el Estado, que permitió reunir de manera estable a cultores de distintos oficios. Más adelante surgió la Galería de Artesanía del Claustro de Portugal, administrada por CEMA-Chile, donde numerosos artesanos encontraron un lugar para exponer y comercializar sus obras.
En 1974 nació otro hito que Alicia recuerda especialmente: la Muestra Internacional de Artesanía Tradicional de la Pontificia Universidad Católica de Chile, impulsada y diseñada por Lorenzo Berg. Con el paso de los años se transformó en uno de los encuentros más importantes de Latinoamérica y continúa realizándose hasta hoy. Su legado también permanece vivo a través del “Premio Lorenzo Berg”, considerado uno de los reconocimientos más importantes para los creadores tradicionales del país y entregado anualmente en el marco de esta feria.

En la obra de Alicia se observa un dialogo constante con la dimensión religiosa.
Alicia Cáceres y Juan Reyes durante la entrega de la Virgen al papa Juan Pablo II, en su visita a Chile en 1987.
A comienzos de la década de 1980 se creó la Escuela Nacional de Artesanos, instalada en Cerrillos, donde se impartían especialidades como orfebrería, cerámica, madera, piedra y textil.
Para Alicia, estos espacios fueron importantes para fortalecer el oficio, formar nuevas generaciones y consolidar una comunidad artesanal que ya comenzaba a reconocerse como tal.
Hacia fines de los años ochenta, surgió uno de los encargos más significativos de su trayectoria. Con motivo de la visita de Juan Pablo II a Chile, Alicia y Juan impulsaron la creación de una Virgen que sería entregada como obsequio al Pontífice. Durante cerca de tres meses trabajaron en la pieza desde el taller de su casa, diseñándola, recolectando piedras y dando forma a cada detalle de manera completamente artesanal.
Alicia señala que incluso debió insistir para poder participar en la ceremonia de entrega, ya que inicialmente solo se consideraba a Juan, pese a que ambos habían creado la obra.
"Yo también hice parte del trabajo", comenta.
Finalmente logró estar presente. Con orgullo dice que aquella Virgen fue el único regalo artesanal chileno que el Papa llevó consigo tras su visita.
Volver a encontrarse
Con la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en 2003, comenzó una nueva etapa.
Alicia nos señala el trabajo de Patricio Cerda, encargado del Área de Artesanía y nos dice: "él nos juntó”.
Su frase alude a una nueva forma de organización, que permitió reunir a representantes de distintas regiones para discutir políticas públicas, compartir experiencias y construir una mirada común sobre el futuro de la artesanía chilena.
Ya no se trataba solo de encontrarse en las ferias. También surgieron seminarios, congresos y mesas de trabajo donde los propios artesanos podían debatir sobre el desarrollo del sector y plantear sus necesidades.
La participación permanente en la feria de la Universidad Católica fue también la principal vitrina para su trabajo. Allí exhibían sus obras, conseguían nuevos encargos y establecían contactos que mantenían activo el taller durante el resto del año.
Para Alicia, todas estas iniciativas —nacidas desde instituciones, universidades o los propios artesanos— tienen un mismo valor: mantener vivo el encuentro entre quienes han dedicado su vida al oficio.
Una ley largamente esperada
Durante años, los encuentros entre artesanos dieron paso a otro desafío: lograr un reconocimiento legal para el sector.
Alicia siguió ese proceso desde sus primeras conversaciones. Participó en reuniones, entregó observaciones y acompañó una discusión que tomó varios años.
El trabajo de dirigentes, organizaciones y representantes del mundo artesanal culminó en diciembre de 2025 con la promulgación de la Ley de Protección y Fomento de la Artesanía.
"Fue una alegría muy grande", recuerda.
Para quienes llevaban décadas impulsando el reconocimiento del oficio, la nueva legislación representó un paso histórico para la artesanía chilena. Hoy se encuentra a la espera de la reglamentación de la Ley.

Alicia Cáceres durante la gestación de la Ley de Artesanía. Su participación comenzó mucho antes de su promulgación en 2025.
El oficio de recordar
Juan Reyes falleció en 2012. Después de más de medio siglo de vida y trabajo compartidos, Alicia empezó a poner en orden lo que había guardado durante años.
Al principio quiso escribir sobre él. Pero pronto aparecieron también Lorenzo Berg, las primeras ferias, la artesanía urbana y tantos otros nombres que, a su juicio, no podían desaparecer de la memoria.
"Si nosotros no dejamos esto escrito, después nadie se va a acordar".
Con el tiempo publicó libros y artículos donde fue registrando episodios, personajes y acontecimientos poco conocidos de la artesanía chilena. No buscó escribir una historia oficial. Quiso dejar testimonio de lo que vio y vivió durante más de siete décadas.
Aunque buena parte de su tiempo hoy está dedicada a escribir, Alicia nunca ha dejado el taller. Cuando surge un nuevo proyecto vuelve al metal; hace poco realizó, junto a una de sus nietas, una flor de bronce para la Virgen de la iglesia de la Parroquia Jesús Maestro de Villa Portales.
Mientras conversa, queda claro que para ella la artesanía siempre ha sido mucho más que un oficio. Ha sido una forma de construir comunidad, compartir conocimientos y transmitir una historia que no siempre quedó registrada en los libros.Cuando habla de su esposo y compañero de vida, nunca dice que falleció. Siempre dice que "Juan se fue". Quizás porque sigue presente en el taller, en las obras que crearon juntos y en cada página que ella escribe. Porque si las piezas sobreviven al paso del tiempo, la memoria solo perdura cuando alguien decide contarla.
Si quieres conocer más sobre la historia de la artesanía nacional, recomendamos el libro Historia hecha con las manos: nosotros los artesanos y las ferias de artesanía del siglo XX, publicado en 2008 por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA). Esta obra recopila las memorias de Alicia Cáceres y su esposo Juan Reyes. https://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0053874.pdf
Les compartimos, la carta “PARA NO OLVIDAR.” de Alicia Cáceres








