1. Joyas para el pelo . ¿Sabías que las horquillas y peinecillos con piedras dejaron de ser un simple detalle del peinado de novia y hoy funcionan como una segunda joya?

El adorno para el pelo de la novia tiene siglos de historia. En el Mediterráneo medieval las novias ya se coronaban con azahares, la flor del naranjo, símbolo de pureza, fidelidad y buena fortuna. En el siglo XIX la reina Victoria popularizó esas coronas de azahar junto al vestido blanco y, como las flores frescas eran caras y perecederas, aparecieron las diademas de flores de cera, hechas a mano y guardadas después como recuerdo de familia. El tocado de hoy es heredero de esa tradición.

En Chile, la diseñadora Pía Cortés ha hecho de los tocados su especialidad. Diseñadora industrial, tras vivir cuatro años en España regresó a Chile en 2007 y comenzó a trabajar junto a su hermana, diseñadora de vestidos de novia. Fue entonces cuando encontró en los tocados una oportunidad para desarrollar un lenguaje propio.

A partir de la incorporación de colores, texturas y técnicas desarrolladas en su propio taller, comenzó a crear piezas personalizadas que se alejan del accesorio tradicional para convertirse en objetos únicos, concebidos en diálogo con cada mujer. Esta búsqueda dio origen a Tocados Pía Cortés, marca que hoy cuenta con showroom, puntos de venta en Chile y el extranjero y presencia internacional.

Uno de los hitos de su trayectoria fue el diseño y confección de las coronas para las ganadoras de Miss Universo, Miss Mundo y Miss Internacional Madrid, cada una inspirada en un ícono arquitectónico de la capital española. Y recientemente, recibe el premio como la “Mejor diseñadora de tocados de Latinoamérica” en el Latin American Wedding Awards en Quito, Ecuador.

Su trabajo continúa expandiéndose hacia nuevos materiales, técnicas y procesos, incorporando el reciclaje y una línea más sustentable. Su propósito es llevar esta mirada a nuevos accesorios y territorios, entendiendo la creación como un espacio donde no existen límites.

Foto: Tocado de Novia. Pía Cortés.

2.- Ventajas de refinar. ¿Sabías que los metales preciosos que se usan en joyería (oro, plata y platino) se pueden refinar y reutilizar casi sin límite, sin perder pureza ni propiedades físicas?

Refinar es fundir una pieza usada, separar las impurezas y recuperar el metal puro para volver a trabajarlo. El caso del oro es el más claro: prácticamente todo el que se ha extraído en la historia de la humanidad, cerca de 222.600 toneladas según el World Gold Council, sigue existiendo hoy en alguna forma, como joya, como reserva de un banco central, o refundido en una pieza nueva. La plata y el platino se refinan igual. Por eso cada gramo que se refina en lugar de extraerse de nuevo evita abrir otra mina. 

Ver más de Paola Abraza

3. Piedras que se ven iguales pero no lo son. ¿Sabías que un diamante de laboratorio tiene exactamente la misma composición química, dureza y brillo que uno extraído de la tierra, al punto que solo un análisis gemológico especializado puede distinguirlos?

La moissanita, en cambio, sí se nota a simple vista: tiene un índice de refracción más alto que el diamante y refleja un arcoíris de color donde el diamante da un destello blanco. El zafiro blanco es otra alternativa, un poco menos duro (9 contra 10 en la escala de Mohs) y con menos brillo, pero también más accesible.

¿Quieres saber más de piedras? Explora la enciclopedia de gemas del GIA (Gemological Institute of America): gia.edu/gem-encyclopedia

4. El oro tiene distintos colores. ¿Sabías que el oro puro es amarillo, y todos los demás colores (blanco, rosado, verde, incluso azul) se consiguen mezclándolo con otros metales?

El oro blanco se obtiene aleando oro de 24 k con paladio; el rosado, oro de 24 k con cobre y plata; el verde, oro de 24 k con plata; y el azul, aunque suene raro, oro de 24 k con hierro. En todos los casos, el oro puro (24 k) debe representar el 75% de la mezcla para que la joya siga siendo de 18 quilates, sin importar el color final.

¿Quieres saber más del oro? Visita el World Gold Council: gold.org

5. El packaging también importa. ¿Sabías que cada tipo de joya necesita un estuche pensado para su forma?

Los anillos van en cajas compactas con una ranura que sostiene la banda y evita que gire o se golpee. Los collares necesitan un compartimento alargado y acolchado para que la cadena no se enrede. Los aros llevan un soporte que los mantiene separados y en su lugar. Para piezas de plata, además, conviene un papel especial que retrasa la oxidación mientras la joya está guardada. El packaging correcto no es solo presentación, también protege la pieza antes de que llegue a las manos de quien la va a usar. 

6.- Cómo leer un certificado de diamante. ¿Sabías que un diamante se evalúa por cuatro criterios, las llamadas 4 C?

Corte, color, claridad y quilate. El quilate mide el peso; el color, qué tan incoloro es (mientras menos tono, más valorado); la claridad, cuántas inclusiones internas tiene; y el corte, cómo fue tallado. De los cuatro, el corte es el que más manda en el brillo: un diamante grande pero mal tallado se ve apagado, mientras que uno más chico y bien cortado destella mucho más. Por eso un certificado emitido por un laboratorio gemológico independiente no solo garantiza que la piedra sea auténtica, también dice exactamente qué se está comprando.

¿Quieres aprender a leer un certificado? El Instituto Gemológico Español lo explica paso a paso: ige.org/laboratorio-gemologico-2/servicios/explicacion-certificados ;  y también el GIA (Gemological Institute of America): gia.edu/gem-encyclopedia